Weekendblog: MI PUENTE Y LA ELECTRÓLISIS.

Permitidme una introducción. Este viernes, la verdad, me alegro de que se haya hecho tan corta la semana. Espero que tod@s hayáis podido descansar, relajaros, para volver a la lucha. Yo no. No es que no hubiera podido relajarme, pero hay puentes que se recuerdan más que el acueducto de Segovia.

Primero fue la batería. La de la moto. El viernes a media mañana se negó a arrancar. Bien. Viernes prepuenting, los talleres cierran por la tarde. ¿Sin moto? Jamás. Antes muerto. Voy al taller del concesionario oficial y…¡no tienen la batería en existencias! A partir de ahí todo fue una carrera por la ciudad, a los proveedores de baterías del mismo taller, a los de otros talleres, a la parroquia de S. Judas Tadeo –patrón de los imposibles- , y hete aquí que encuentro una. Increíble mi suerte. Sólo tuve que pagar ¡160 Euros! Esto es real ¿eh?

Me pasé el trayecto de vuelta al taller con el coche, intentando buscar el botón de ON en la susodicha batería para que sonara la música. Pero no tenía música. Luego ya me tranquilizó bastante el mecánico aclarándome que como han subido mucho las materias primas, el plomo, el cobre, pues todo eso lo repercuten en el producto final. No falla, cuando suben las materias primas, pagamos los primos. Es un dato.

Vaya, al menos sabes a quién financias. Como uno de los mayores productores de Plomo del mundo es Bolivia, pues estupendo. Estoy financiando a un tío con poncho que dice que los europeos somos calvos y tenemos “desviación de nuestro ser como hombres”, o sea “pluma”, por comer pollos tratados con hormonas femeninas (Excmo. Sr. Evo Morales).

No tengo nada contra el pollo ni contra el Sr. Evo Morales, aunque la verdad, el pollo me sabe a chicle y el Sr. Evo Morales a chamusquina. Bueno. Pues vuelvo raudo y veloz al taller, donde con indicaciones del mecánico, que el pobre estaba hasta arriba de trabajo por ser puente, instalamos la batería. Bien. La moto arranca. Lógicamente, el taller del concesionario se encuentra a unos ocho kilómetros de la ciudad, en un Polígono Industrial. Y lógicamente, he ido en coche. Ahora tengo dos vehículos que funcionan –el coche y la moto- y solo una persona para devolverlos a la ciudad. Yo. Es como el enigma ese de cruzar el río con una barca y llevar un león, una cebra y un no sequé sin que se devoren entre sí. Personalmente les doy diez euros a cada bicho y que pidan un taxi.

Pues eso hago. Primero, vuelvo a la ciudad en el coche. Lo dejo en la cochera. Llamo a un taxi que me lleva al taller. Quince euritos. Recojo la moto, y por fin está todo el parque móvil donde debe.

Resumiendo, Batería 160 euros, Taxi 15 euros, Mano de Obra cero (se enrolló el mecánico), Tiempo perdido 5 horas, Cabreo, incalculable…para todo lo demás PastaCard.

Sinceramente, os voy a evitar las demás situaciones fatales de este puente, como que ligué con una pelirroja preciosa pero gay. Resulta que yo le encantaba “como amigo”. No se si os lo he dicho antes a las chicas pero NUNCA le digáis a un tío eso de “podemos ser amigos”, mejor disparadle al estómago, duele menos (bueno, es una pequeña exageración ¿eh?).

Así que por fin ha acabado el puente. Pero cuidado, en unos días hay otro. No sé que planes tenéis vosotr@s, yo he encargado otra batería (de las baratitas).

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Comentario por Antonio Segar el octubre 18, 2010 a las 8:25pm
Suele ocurrir, Joe. Ya se sabe, si necesitas la moto a tiempo, tómate tu tiempo.
Saludos.
Comentario por Maria el octubre 15, 2010 a las 8:47am
Jajaja...todo un puntazo motero...Buenos dias y ya es finde...igual le tienes que poner el toldo a la moto...

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