El viernes lo noté. Algo pasaba. Vivo muy cerca de un Colegio y al incorporarme por la mañana a mis quehaceres habituales, algo había cambiado. En primer lugar, al intentar salir de la cochera, me topé con una señora que había colocado su flamante Renault Twingo en la salida de la misma. Por suerte ella estaba dentro. Y su niño.

Como la cuesta de salida del garaje tiene una pendiente del 99%, o sales o fundes los discos de embrague. Ella estaba hablando por el móvil, mientras se retocaba en el espejo de cortesía del parasol, su lindo cutis. No vio mi primer intento de salir (la puerta del garaje “solo” mide cinco metros de ancho, emite un zumbido como de Alerta de Bombardeo al abrirse y es de color “Blanco como te pongas aquí te quemo el coche”). El niño por suerte, si. Levantó la vista de su Nintendo. Pero creo que el angelito, en su sopor matinal, debió de confundirme con un Pokémon evolucionado. No iba a molestar a mamá por eso. Primer intento.

Las puertas de garaje de apertura automática tienen una curiosa característica, el tiempo de apertura está calculado en los boxes de Ferrari con Fernando Alonso de piloto; debido a lo cual, cuando se te cierra, y según la pendiente de salida, hay que poner punto muerto, dejar caer el coche hasta el nivel más bajo mientras se calcula marcha atrás el giro de la curva y a la vez se pisa el freno mientras notas como resbalan los neumáticos y rezas. Conseguido.

Pulsamos de nuevo. Ahora subes decididamente haciendo un cálculo de la sincronía de apertura del hueco de la puerta mientras se abre, más el sumatorio de la potencia del motor coordinada mientras picas embrague. Subes. El Twingo sigue ahí.

Ahora sí. Tocas el claxon como un poseso. La señora te mira y te hace una seña como de que ¡esperes a que termine su conversación con su cuñada!. Entonces ya lo ves todo rojo. Arremetes contra el Twingo y frenas justo a un centímetro de la puerta del jodido niñoNintendo, dando amenazadores acelerones. Por fin ella se da cuenta de que se te está cerrando el portón y que tú estas dispuesto a arrastrarla a empellones hasta la acera de enfrente. Rápidamente se quita. Solo has tardado veinte minutos en salir de tu propio garaje.

Una vez fuera, estás en horario escolar. Las mamás y los papás con niñosNintendo te rodean. Es como quedar atrapado en un enorme paso de cebra, pero sin pintar. Intentas relajarte. Vas adelantando posiciones en un invisible juego de damas donde tú solamente tienes una ficha –tu coche- y juegas contra cientos de contrarios. Te comen, claro. No es que solo lleven a sus niñosNintendo al cole, es que se paran frente a tu vehículo y casi te apetece participar en la conversación de ChuchiFierro con SolePostín sobre su veraneo en CostaVisa. Para hacer tiempo.

Por fin sales a la red del tráfico de la ciudad. Y si, algo ha cambiado. Todos los carriles van llenos. Ayer mismo podías escoger entre el carril con o sin (baches). Hoy ya no. Así que te sumerges en el Río Rutina a chapotear durante otros doce meses. Algo ha cambiado. Otro año más, has regresado al futuro.

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Comentario por Antonio Segar el octubre 2, 2010 a las 1:23am
jejejejee, me he reido muy agusto. Menuda peripecia mañanera. Un saludete.

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